in Educacion infantil

El llanto es una manifestación muy frecuente en los niños, las primeras preguntas que nos hacemos cuando somos padres son ¿por qué llora?, ¿le dolerá algo? ¿tendrá hambre?, ¿llora porque quiere?, ¿serán mimos?. Dependiendo de la edad del niño el llanto adquiere un significado distinto.

Los niños pequeños que no saben hablar, sólo pueden expresar sus necesidades a través del llanto. El niño recién nacido, cuando tiene sensaciones desagradables o necesidades fisiológicas como hambre, sueño, dolor, frío, etc., llora y la madre acude a satisfacer esa necesidad o aliviar esa sensación desagradable. Así va creándose la comunicación entre el niño y el adulto, de ahí la importancia que tiene que le pongamos palabras a las sensaciones que tiene. Este llanto de los primeros meses nos desconcierta mucho e incluso puede que nos sintamos impotentes para adivinar por qué llora nuestro hijo, pero poco a poco el niño pronto aprende, ayudado de nuestras palabras, a utilizar el llanto para un determinado fin, variando la intensidad y vamos comprendiendo su significado. Empiezan a utilizar los gritos, sonidos y gestos para indicar sus necesidades y deseos.

 

 Un paso fundamental en su comunicación con el mundo que le rodea es la adquisición del lenguaje. Cuando el niño empieza a hablar, puede empezar a expresar muchas cosas que antes sólo hacía con el llanto. El llanto entonces, es utilizado para expresar los sentimientos afectivos más que las necesidades fisiológicas. Unas veces les invade la rabia, otra la pena por sentirse abandonados y otras veces, por haberse hecho daño.

Cualquiera que sea la causa hemos de ser respetuosos con él porque sea lo que sea, el caso es que está expresando un sentimiento y necesita desahogarse, expulsar su malestar.

Cuando un niño llora de rabia o porque se siente frustrado por no haber conseguido lo que deseaba, es lógico que llore pues aflora un sentimiento de impotencia pero esto no quiere decir que se le deba dar la razón o que el otro ceda con tal de no oírle llorar, más bien, se le debe dejar llorar y cuando se calme, podremos razonar con él y expresar con palabras sus sentimientos, “ya sé que estás enfadado porque quieres el coche que tiene tu hermano…” Si cedemos una sola vez ante el llanto de nuestro hijo, éste lo utilizará constantemente para conseguir lo que desea, pues es lo que ha aprendido con nuestra reacción, cuando se da cuenta que utilizando el llanto para conseguir lo que quiere no es eficaz, abandonará esta práctica. ¿Por qué un niño después de llorar escandalosamente, es capaz de ponerse a jugar como si nada hubiera ocurrido e incluso reírse alegremente? ¿acaso no era sincero su llanto?. Pues precisamente por eso porque ha llorado y se ha desahogado hasta encontrar la tranquilidad necesaria.

Otra situación muy corriente se da cuando nuestro hijo se cae y se hace daño. En este caso hay reacciones muy diversas y tan contraproducente es exagerar lo que ha ocurrido ya que el niño se asusta por nuestra reacción y llora desconsoladamente, como sin apenas ver lo que ha ocurrido le invitamos a dejar de llorar porque no ha sido nada y además le recordamos que se lo estábamos avisando.

Cuando se ha caído seguramente se ha hecho daño y además se ha asustado, por lo tanto hay que cogerlo, darle cariño y tranquilizarle del susto que se ha llevado, sin dar demasiada importancia al accidente.

¿Por qué nos sentimos tan bien cuando vemos reír a nuestro hijo  y por qué intentamos evitar el llanto? Pues porque en el primer caso nuestro hijo, nos está manifestando un sentimiento de felicidad y en el otro, un sentimiento de tristeza y quizás nos resistimos a tolerar estos sentimientos tan humanos.

Teresa Albuger
Coordinadora Pedagógica WorkandLife